En la columna pasada hablé de la quiebra económica a nivel personal. En esta te pregunto: ¿qué vas a hacer tú con la quiebra moral, económica y política de este país?
Perdona que te lo suelte así, cuando aún nos quedan las Fiestas de la Calle San Sebastián. Es que esa pregunta nos la tenemos que hacer antes que la ola de la rutina nos arrope y nos arrastre a otro año donde solo nos conformemos con quejarnos y criticar hasta caernos de fondillo, pero sin hacer nada concreto que nos haga mover como pueblo, aunque sea un milímetro, en la dirección correcta.
El año terminó con 160 asesinatos más que el año anterior y llegamos a la cifra de 1,136 muertes. ¿Qué vas a hacer? ¿Esconderte en la casa y no salir? ¿Mirar el vídeo de unos jóvenes aterrorizados la Nochevieja, con los disparos al aire que les rodeaban, y decir, ¡cómo está este país! y no hacer nada?
El narcotráfico alimenta la economía de nuestro país casi en igual proporción que los fondos federales. ¿Ése es el país que quieres dejarle a tus hijos y nietos? La deuda pública ha subido a niveles astronómicos, el déficit estructural no hay quien lo balancee y el Sistema de Retiro está quebrado. ¿Qué vas a hacer?
Los políticos tradicionales han llegado a un nivel de cinismo tal que el presidente del Senado ha apoyado públicamente, sin el menor recato, a senadores corruptos, representantes que violan las más elementales leyes del país, como pagar la electricidad y el CRIM, y ni se sonrojan. ¿Qué vas a hacer?
En la Rama Ejecutiva el deterioro es similar. Cuatro secretarios de Educación en tres años no han dado pie con bola en una institución que tira a la calle la mitad de sus alumnos antes de graduarse, que luego son los que unos años más tarde aterrorizarán al país una Nochevieja. En la Judicial, el Tribunal Supremo se ha convertido en un vulgar comité político del gobierno de turno y la Dama de la Justicia se quitó la venda. ¿Qué vas a hacer?
Si lo que vas a hacer es “lo mismo”, tumbar al que está, como en tantas elecciones anteriores, te tengo malas noticias: si haces lo mismo obtendrás los mismos resultados. Un país que no aprende de la historia está condenado a repetirla. Si dos cirujanos hubiesen cometido impericia médica en operaciones seguidas con un familiar cercano, en una situación de emergencia, ¿volverías a entregárselo para que lo operen? Entonces, ¿por qué volver a confiar en quienes han gobernado por 40 años, veinte cada uno, y nos han llevado a la quiebra? ¿Qué vas a hacer?
No hacer nada es convertirse en parte del problema. Hacer lo mismo es ser cómplice. Hay que hacer algo. Hay que organizar a los que no se han organizado. Hay que contribuir con organizaciones que quieren hacer algo y los asfixia económicamente la partidocracia de las tres tribus. Hay que educar al que aún no entiende la extensión de la crisis que vivimos. Hay que salirse de la zona cómoda, del criticar y elaborar teorías de cómo salvar al país con una copa de buen vino en la mano o en un exclusivo “resort” lejos de la isla. Hay que distanciarse del cinismo y los chistecitos de los analistas que nos roban la esperanza. Hay que desoír los comentaristas que insultan y gritan pero no proponen nada. Hay que desarrollar un nuevo discurso, una nueva forma de hacer política. Pero antes que todo hay que bajar a la cancha, pedir la bola y decir: “Si hay que meter el punto que cambie el ‘tempo’ de juego, yo lo voy a hacer”. Mientras no asumamos responsabilidad absoluta por lo que pasa en nuestro país y decidamos hacer algo concreto, efectivo, seguiremos tirándonos al piso una Nochevieja rogando a Dios que no seamos una de las víctimas de la balacera. ¿Qué vas a hacer?